A feira das mentiras

Hace siglos, Shakespeare, Lope de Vega… hasta Plauto y Plutarco lo comentaban: “Todo el mundo no es más que un escenario, y los hombres y las mujeres, meramente actores”. Y esa es la mera verdad: se miente, se exagera, se altera la verdad. La necesidad de mentir es tan antigua como la conciencia del ser humano. Se miente tanto como es posible. Porque la sociedad es un gran manicomio, un gran engaño: Se miente, pero también se oculta la verdad, tal es así, que a veces no nos damos cuenta que somos victimas de nuestros propios engaños y circulamos por la vida con la idea de que siempre somos sinceros, honestos, auténticos y, sobre todo, buenos.

¡Ay, maldita bondad! Hay fanfarrones que mienten como si nada pasara; resultan innumerables las fachadas: las caretas y máscaras que se ponen para salir a la calle. La amplia variedad de tipos de mentiras que se utilizan, desde la piadosa y la descarada, hasta las omisiones y los autoengaños, la buena o mala memoria según conveniencia, hasta los disímiles estereotipos y clichés en que caemos sin advertirlo, a veces menospreciando la natural capacidad que existe de leer y entender las expresiones: movimientos de labios, ojos, nariz, manos, piernas, y del tono de voz, cuerpo y posturas. No hay nada como trabajar de cara al público y tratar diariamente con personas para darse cuenta inmediata de ese lenguaje corporal.

La RAE define la palabra “mentir” como: 1) Expresar o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa; 2) Inducir error; 3) Falsificar una cosa; 4) Fingir, mudar o disfrazar una cosa haciendo que por las señas exteriores parezca otra cosa; 5) Decir una cosa sin conformar con ella. La historia del universo ha tenido políticos y gobernantes de todas las siglas que sentenciaron que nunca mentirían al pueblo en el ejercicio de sus funciones, sin embargo, ante los tribunales de justicia opinan lo contrario, y también mintieron. Por eso desde el circo aplaudimos la elección del alcalde de Reykjavik: por sincero. Pero no se lleven al engaño porque todos mienten. La mentira puede o no estar justificada en opinión del que la defiende o la comunidad a la que pertenece. El mentiroso puede ser buena o mala gente, puede contar con la simpatía de todos o resultar antipático y desagradable, pero lo cierto es que la persona que miente siempre está en condiciones de elegir entre mentir y decir la verdad.

Los mentirosos se van haciendo más hábiles con el paso de los años, aprenden a ocultar el verdadero “yo”, seleccionando aspectos de su propia personalidad lo que sólo desean mostrar y transforman argumentos, como método eficaz, en actitudes de víctimas para cubrir falsedades. Entonces, ¿cuál o cuáles son las herramientas que tenemos para enfrentarnos a la mentira? porque cuando alguien miente… alguien pierde… Y si todos mentimos… La mentira tiene sus consecuencias: El periodista que miente pierde su credibilidad. ¿El escritor que miente también pierde su credibilidad? ¿O en la literatura es legítimo mentir bien? ¿Es susceptible una mentira de un perdón? ¡Si supiera la verdad señora mía! Hagan memoria: ¿Mentía Mario cuando le dijo a Pablo Neruda que estaba enamorado de Beatrice? No debiera importar si Mario decía o no la verdad. Lo que importa es si un poeta, Pablo Neruda, lo creyó. Y lo creyó. (Un poeta nunca miente).

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5 comentarios sobre “A feira das mentiras

  1. Hace tiempo que me di cuenta de que las personas (y las empresas, y las instituciones) tenemos dos planos o dos vertientes. La vertiente “escaparate”, la que todo el mundo ve, la que mantenemos lo más limpia posible, la que nos da prestigio y atrae a los clientes-compradores. Pero luego está la “trastienda”, la parte oculta, la del montón de mierda acumulado desde hace años, la que nos avergüenza.

  2. yo soy un poco pava, pq nunca pienso q la gente miente… por eso m engañan fácilmente (ya sea en broma o en serio)…
    personalmente, m repugna la tercera acepción de la palabra, especialmente cuando sirve para conseguir favores, pasando por delante d otras personas (a las q presumo menos mentirosas q la q finalmente s lleva el gato al agua)
    deja q siga pensando q no todo el mundo mientre…
    pero en la ficción, mentir es lo etimológicamente esperable, no? :*

  3. Vaya, qué bien conoces el tema :D. Me ha encantadoe el comentario de Basseta. Suscribo sus palabras. Mentir es indiscutiblemente una actitud defensiva que actúa bajo la presión de un miedo. Miedo a cómo podrían reaccionar las personas frente a uno mismo si conociesen la verdad (rechazo, despremio, acusación). Mentir sirve para obtener de los demás aquello que deseamos ahorrándonos el riesgo de un “no” por respuesta.
    Reconocer una mentira es un acto de valentía y simplemente por ese gesto merece ser perdonada. Aunque, claro está, las consecuencias de la mentira serán inversamente proporcionales a la facilidad de perdonarla. La persona que va perdiendo la credibilidad, a mi entender, es la que va uniendo mentira tras mentira sin asumir ninguna.

    En fin, que tire la primera piedra quien alguna vez no haya recurrido a este salvavidas. Como con todo, un uso puntual que se asume y reconoce no debería tener mayor trascendencia. El problema está en el uso/abuso continuo y en su mantenimiento en el tiempo por miedo a asumir las consecuencias de decir la verdad; aunque, quien miente no va a reconocer ese miedo, en muchas ocasines.
    Bueno… que me enrollo. 😉

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