La burladora de Puerto Escondido

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Para moderna, la madre de Sean, que acaba de llegar de Sheffield y lleva el iPhone al cuello como la cruz del exorcista. Ruth, que así se llama, trabajaba de teleoperadora para BT y apenas hace un tiempito la prejubilaron con una mísera paga y, de miseria en miseria, no se le ocurrió mayor genialidad que meterse a pinchadiscos.

Fue en la fiesta de Marc, el primero de sus nietos, donde dio rienda suela a su afición: lo mismo mezclaba a Queen con los Teletubbies que a Dora la Exploradora con Covenant. Para sorpresa de impropios y propios, extraños y extrañas, se ha convertido en un icono de la movida en todito Yorkshire y la solicitan desde el Leadmill al Crooner.

Ruth Mercury en el Leadmill

Ya desde jovencita era aficionada a la música y habitual de las tiendas de discos. Fue así como se convirtió en admiradora incondicional de Freddie Mercury y de ahí su nombre artístico. Según me ha contado Sean, cuando conoció a Bob, un risueño bebedor de cerveza que alternaba como albañil y se convirtió en el padre de sus hijos, ambos marcharon al Algarve y vivieron de organizar fiestas y visitas guiadas para turistas ingleses. Allí les cantaba el catálogo completo de Queen aderezado con algunos éxitos de incunables como ABBA, Tom Jones o Billy Bragg.

Cuando murió Bob de una cirrosis fulminante regresó a Sheffield y no volvió a escuchar música en años. Fue el silencio de la nada cotidiana. Coincidió, además, con la época en la que Sean dejó de vivir con ella para asistir a la universidad y, de rebote, conocer al Parce, servidor de nadie, y de este triángulo maravilloso llegamos a su llegada vía Samarcanda, compañía de buses, a Puerto Escondido, donde la recibimos con los brazos abiertos y algo de temor por las fiestas que nos pueda organizar.

No miento si les digo que me asusté cuando la vi llegar: esa chaqueta de lentejuelas doradas, esas mallas estrechísimas de vinilo y esas plataformas desde las que nos mira desde su olímpica altura no fueron diseñadas para llevarse en estas tierras y estas orillas. Las que sí fueron creadas ad hoc son sus amplísimas gafas de sol que no alcanzan a esconder una mirada amable, un gesto educado y un maquillaje que haría babear al mismísimo Fabio McNamara.

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. viclala dice:

    m encanta la purpurina d los cascos!!!

  2. Parce dice:

    ¡Es súper total!

  3. tormento dice:

    que total!!

  4. Jordi dice:

    Autentica! Un look genial y una historia de pelicula indie.

  5. Parce dice:

    O de novela indie!!

  6. viclala dice:

    ajajaj! q andas tramando, paco?

  7. Parce dice:

    Apenas aterrizamos en Puerto Escondido, ¿recuerdas?

  8. viclala dice:

    hum… a veces m pierdo…

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