¡Danzad, malditos!

Ni está dirigida por Sydney Pollack, ni protagonizada por Jane Fonda y Michael Sarrazin. Nuestro ¡Danzad, malditos! lo dirige alguien pero no sabemos quién es, si el Papa de Roma o la Trotona de Pontevedra. Sea como sea, otra cosa es que parezca obvio que los políticos y empresarios corruptos del entorno de Gürtel sean los que a día de hoy tengan la sartén por el mango: acaban de inhabilitar a Baltasar Garzón. Así es España: puro teatro del absurdo. Ya tenemos al primer condenado de la red Gürtel: el juez Garzón.

Así pues, con Garzón condenado, con el juez de Urgangarín, investigado, y con Camps, absuelto, me permitirán que no me ponga a delirar sobre qué es justo y qué es legal, y simplemente aprendan de los maestros y les irá mucho mejor en la vida:

Mientan, roben, den las palmas a quien haya que dárselas, estrechen las manos con quien haga falta, prometan, prometan, afíliense a alguno de los partidos mayoritarios que les garanticen cuanto menos una concejalía (si es la de urbanismo, mejor), roben, mientan, prometan, hagan muchos amiguitos del alma que quieran un huevo y váyanse de fiesta, de mitin, de fiesta, que les hagan trajes a medida, háganse fotos con niños (si son de teta mejor), mantengan feliz a la Conferencia Episcopal, mientan, mientan, roben y sobre todo prometan eso de “ya pagaré mañana”.

¡Danzad, malditos, danzad!
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4 comentarios sobre “¡Danzad, malditos!

  1. La derecha hoy brinda y jesuíticamente simula su acatamiento de la justicia, de la justicia que le interesa, claro está. Como ha dicho Carlos Jiménez Villarejo, exfiscal contra la corrupción, este fallo es producto de “una casta al servicio de la venganza”. Y avergüenza que esta mafia se llame “Tribunal” y “Supremo”.

  2. Creo que de algo tiene que servir haber sido testigos o incluso actores de tanta guerra política, real o dialéctica del pasado. No seamos ingenuos y no repitamos discursos aprendidos, mirar hacia atrás es saludable si se hace desde la distancia suficiente que te permite pensar con sentido común las cosas, tu propio sentido común, desde “esta realidad”, la que hoy tenemos. El sentido común no es que pensemos todos igual sino aquel que te permite pensar y actuar con coherencia, ni siquiera con dignidad, con coherencia. Aquí la batalla que hoy tenemos es otra, ni la de nuestros padres ni abuelos, ni la de la izquierda ni la de la derecha…Es más, podemos y lo hacemos: pensar y diferenciarnos de lo que ellos incluso pensaban. Eso es crecer, poder cuestionarte lo adquirido y revisarlo. Me da miedo que la gente se aferre a ideas estáticas, y repita discursos que ni cuestionan ni les interesa cuestionar, como hacen los niños con sus padres. Discursos repetidos que no permiten que crezcamos como sociedad.

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