‘Rubén Abella: Mi casa, sin libros, sería un auténtico erial’

En los tiempos que corren es de agradecer el esfuerzo del Ayuntamiendo de Valladolid por mantener uno de los actos culturales más importantes de Castilla y León: su Feria del Libro. Este año se cumple la 45ª edición que cuenta entre sus invitados con Clara Sánchez, Enrique Vila Matas y Bernabé Tierno. Destaca de entre ellos el vallisoletano Rubén Abella que será una de las figuras de la Feria del Libro protagonizando varios eventos del día 4 al 6.

Abella compagina la escritura, la fotografía  y la docencia. Ha impartido clases, conferencias, cursos y talleres sobre diversas materias en instituciones académicas de todo el mundo. Se ha desarrollado profesionalmente en Madrid, donde es profesor en la Universidad Pontificia Comillas y en la Escuela de Escritores. Ganador y finalista de varios premios literarios -entre otros, el Torrente Ballester, el Nadal, el Setenil, el NH-, Abella se muestra como una de las voces más interesantes de la narrativa actual española.

El libro del amor esquivo lo presentó al gran público y, desde entonces, ha publicado dos libros más, Los ojos de los peces y Baruc en el río; en la feria presentará este último junto a Paco Alcántara y estará a disposición de sus lectores en dos firmas de libros. Sin más dilación, damas y caballeros, con todos ustedes, Rubén Abella.

La Cúpula del Milenio albergará la Feria del Libro de Valladolid, en la cual participarás. ¿Qué actividades hay preparadas?

Va a ser —está siendo, debería decir, ya que comenzó el pasado viernes— una feria muy intensa. Además de las actividades de rigor, como las firmas de libros, las presentaciones y los encuentros con autores, se han programado también actividades infantiles, exposiciones, conferencias, proyecciones cinematográficas, entregas de premios, una jornada monográfica sobre el libro electrónico, etc. Una feria muy completa, que mira hacia fuera sin olvidar lo de dentro.

Tu última novela, Baruc en el río, es “un intento de salvar lo insalvable y evitar lo inevitable”. ¿Qué nos puedes contar de ella? Hay algo concreto que querías abordar?

Baruc en el río cuenta la historia de un adolescente que, tras una inesperada discusión con su madre, se escapa de casa. La novela trata sobre las repercusiones —algunas previsibles, otras no— que esa huída tiene en el mundo del protagonista. Es, en realidad, una exploración de las relaciones familiares, de las distintas formas que adopta el amor —fraternal, paterno, de pareja—, de las falsas apariencias —un tema recurrente en mis ficciones— y de ese sentimiento tan poderoso que es la culpa. Casi nadie se salva de ella en la novela. La historia la narra el hermano menor de Baruc treinta años después de los hechos. Ese filtro temporal me ha permitido escribir desde el punto de vista de un adulto, pero sin perder el candor de la infancia.

Los ojos de los peces parece albergar una serie de historias que convergen en un universo realista en continua expansión. ¿Cómo lo ves?

Más que converger, yo diría que ocurren de forma simultánea, formando un gran mosaico, una especie de red entreverada de vasos comunicantes que unen unas historias con otras. Hay un relato, “Viaducto”, que cuenta la misma historia, el suicidio de una joven, de cinco formas distintas. Hay personajes que aparecen en distintas historias, y tramas que se prolongan a lo largo de varios cuentos. Hay también un bar, el Oasis, que actúa como aglutinante de ficciones. El libro es como una planta frondosa, un ser vivo con órganos autónomos y, al mismo tiempo, interrelacionados. Lo que le ocurre a uno, afecta a los demás. Son más de cien microrrelatos que, en su conjunto, funcionan casi como una novela.

Has sido ganador y finalista de varios premios literarios. ¿Ves esa vía como la mejor para los nuevos creadores?

No sé si es la mejor, pero desde luego es una vía digna para que tu trabajo salga a la luz. Se habla mucho de los concursos literarios “amañados”. Y los hay, claro. Pero también hay muchísimos premios transparentes y honestos, que te pueden abrir muchas puertas. Yo empecé a publicar gracias a un premio, el Torrente Ballester. Seguí publicando gracias a otro, el NH Vargas Llosa de relato. Y ahora publico mis novelas en Destino porque fui finalista del premio Nadal.

Trabajas en la Escuela de Escritores. ¿En que consiste tu labor? 

Imparto la asignatura “Literatura del siglo XX” en el Máster de Narrativa de la Escuela. También doy un curso anual de novela. La docencia me estimula y, además, me permite comer tres veces al día.

¿Cómo ves el futuro de la literatura en el contexto de las nuevas tecnologías?

Me temo que no soy la persona más adecuada para hablar de las nuevas tecnologías. No tengo un perfil en Facebook ni soy usuario de Twitter ni participo en ninguna red social  —aunque imagino que es una cuestión de tiempo—, de modo que me resulta difícil hablar del futuro en ese sentido. Quiero pensar, sin embargo, que la literatura es más poderosa que el soporte que la sustenta. Más poderosa que el papel y que los e-books. Creo que contar y leer o escuchar historias es algo consustancial al ser humano. Ha ocurrido desde siempre y no va a dejar de hacerlo por un cambio de formato. Sólo espero que ese cambio no afecte de forma negativa a los ya de por sí precarios derechos de los autores. Dicho esto, confieso que yo prefiero el libro de papel. Me gusta su tacto, su olor, su emocionante individualidad. Y, por qué no decirlo, su capacidad decorativa. Mi casa, sin libros, sería un auténtico erial. La verdad, no me veo leyendo a Flaubert en un aparato electrónico, pero nunca se sabe…

¿Tienes algún proyecto entre manos que puedas compartir con tus lectores?

Estoy inmerso en la escritura de una nueva novela, la cuarta. En esencia, trata sobre un hombre bueno, un hombre decente y cabal, al que le ocurren cosas muy malas. Hasta ahí puedo leer.

¿Si quisieras y pudieras trabajar en el circo, de que lo harías?

De trapecista. Siempre me han gustado las alturas.

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