Expaña

Los turistas que han venido estos días a nuestro país han comprobado que la leyenda sobre nosotros es cierta: España es diferente. Es tan diferente que ya ni se parece a sí misma. Ahora es Expaña, el país antes conocido como España, un Estado en el que las libertades se han reducido tanto y se ha estrechado tanto el cerco al ciudadano que hasta para entrar hay que hacerlo de lado. Así ha sido durante esta última semana y hasta el día de hoy: Expaña ha suspendido el tratado Schengen de libre circulación dentro de la Unión Europea y ha vuelto a poner controles en la entrada del país para vigilar que no entren en nuestro país presuntos antisistema que vengan a protestar contra los responsables del Banco Central Europeo que a estas horas se reúnen en Barcelona.

A los que tenían que haber protegido es a nosotros de la entrada de esos señores en nuestro país porque lo que hacen es darle nuestro dinero a los bancos a un interés ridículo para que compren nuestra deuda a un interés elevadísimo, o sea, para que hagan un negocio redondo. Si lo que buscan son antisistemas, hay unos cuantos que están acabando con el sistema metidos en el hotel de cinco estrellas con vistas al mar en el que se celebra la cumbre.

El descomunal despliegue policial para proteger a esos cuatro señores no sólo es carísimo sino vergonzoso en un país al borde de la quiebra. Por citar a un congresista, “manda huevos” que además del dinero que ya nos han costado, su visita también nos cueste el único ojo de la cara que aún teníamos para vigilarles. Y todo por una supuesta amenaza de altercados y para evitar que demos “mala imagen” como dice la presidenta de Madrid que ayer incluso confundió a los policías de paisano de la portada de El Periódico con alborotadores sindicales. La verdad es que pinta amenazante sí tenían, buena imagen no daban. Exactamente lo mismo pasa con la cumbre del Banco Central Europeo. La mala imagen la dan unos responsables públicos metidos en un hotelazo de lujo en un país en el que la cola del paro le da la vuelta al mapa y se nos está obligando a pagar hasta por las sillas de ruedas, que se va a convertir en el medio de transporte nacional en este país maltrecho. Y luego les extraña que haya altercados.

No es de extrañar como tampoco lo es que expropien empresas españolas o semi españolas por el mundo. Todo el mundo sabe que estamos de saldo, que España ya no es lo que era, que es Expaña, un ex país en el que ya no se defienden los derechos de sus ciudadanos, ahora ex ciudadanos. Es lógico que si ven que nos están expropiando hasta la calle, piensen que todo el país es expropiable. Lo triste es que nosotros también hemos empezado a verlo como normal. Nos estamos acostumbrando tanto a la suspensión de derechos y libertades, que casi no se ha dado importancia a que además se suspenda el libre tránsito.

Estamos tan acostumbrados a que nos llamen enemigos, criminales, sospechosos, que ya ni sorprende que una brigada policial esté vigilando al 15M por lo que puedan hacer en su aniversario, como hemos leído hoy. Eso sí para celebrar el fútbol ayer y hoy sí que se abrirá la plaza. Han cerrado el país y han tirado la llave.

Ahora en la entrada deberían poner: Bienvenidos a Expaña, el país de los ex trabajadores, los ex derechos laborales, la ex sanidad gratuita, la ex educación pública, la ex libertad de manifestación y la ex libertad de entrada. No hace falta que controlen la entrada porque aquí no vienen ya ni los inmigrantes de países más pobres. Lo que deberían es controlar la salida porque, a este paso, se va a producir una estampida de españoles buscando aire, aire que se pueda respirar sin que te multen o te cobren o te hagan cobrar.

Javier Gallego

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