César Cerón, entre el blanco y el negro

Tenemos el honor de recibir en este humilde circo a César Cerón, fotógrafo radicado en Murcia, promotor junto a Paco Borrego, de Enhebrados. César es de los que opina que una buena foto alcanza a menudo donde no llegan las palabras, conteniendo una carga emocional es mucho más fuerte y directa. Lleva cuatro años exponiendo en galerías y apenas publicó el libro de fotografías Dame tus manos, con poesías de Antonio Aguilar.

¿Podrías presentarte para nuestros lectores? Para mí la fotografía representa el modo de expresión con el que me siento más cómodo en mi relación con el mundo; para otros lo es la palabra, la pintura, la cocina, la música… Como señalo en la presentación de mi blog, opino que una buena foto a menudo alcanza allí donde no llegan las palabras, y su carga emocional es mucho más fuerte y directa. Lo que me tiene atrapado en la fotografía es su capacidad para transmitir emociones, casi siempre a partir de momentos de la realidad que ya no existen. Me sobrecoge cuando alguien ve una de mis fotos y me devuelve qué sensaciones o emociones les despierta una imagen que yo he mirado antes cientos de veces.

Hace un tiempo leí en una entrevista a un fotógrafo al que admiro mucho que había llegado un momento en su carrera profesional en el que hacía más fotos con la mirada que con la cámara. No entendía esas palabras, pero con el paso de los años creo que ya sé a qué se refería. Cuando paseo, mientras hablo con amigos, en mis viajes… voy captando con la mirada retazos de esa realidad que nos rodea. Y es que, como decía Willy Ronis: ‘La fotografía es una mirada, o se tiene o no se tiene‘. Creo que tengo esa mirada, y trabajo para que cada vez sea más limpia, más transparente, y me permita captar aquello que observo a mi alrededor, tal cual se nos presenta, y todo ello en un permanente proceso de descubrimiento y aprendizaje, sobre todo a partir de otros fotógrafos a los que admiro.

¿Cuándo comenzaste a interesarte en la fotografía? Ni me acuerdo. Desde muy joven tenía una vieja Yashica con la que disparaba carretes y carretes, en lo que antes era un mero divertimento. Solo hace en torno a unos 10 años tomé una conciencia clara de qué modo el arte de la fotografía me abría puertas y permitía acceder a aspectos de la realidad que me habían pasado desapercibidos. Y hasta hoy.
¿Digital o analógico? ¿Color o B/N? ¿Retrato o paisaje? Mi evolución en ese aspecto es un poco contracorriente, quizá. Comencé con mi cámara analógica; años más tarde pasé al mundo digital, y ahora intento retomar de nuevo el mundo analógico a través del formato medio. Para algunos colegas el retorno al baritado tiene mucho de romanticismo, y claramente apuestan por las facilidades de edición que proporciona el mundo digital. Seguramente será así, pero hay algo en el analógico clásico que se escapa en el proceso de producción digital, y eso es lo que me interesa en este momento.

Hubo un momento, que no sabría precisar, en que entendí que mi modo natural de funcionar era el blanco y negro. Me entusiasma el blanco y negro, especialmente esas fotos que antes hacían los grandes maestros con sus cámaras que hoy empiezan a ser para algunos piezas de museos, pero que yo reivindico desde aquí como un medio artístico absolutamente inigualable.

En general me gusta cualquier fotografía, siempre que sea capaz de transmitirme algo, una emoción, una vibración… Esa sensación que por un instante te deja sin aliento porque sabes que estás observando una pieza preciosa. Es parecido a si me preguntas: ¿Camarón o Bach? Los dos son genios, y los dos merecen mi respeto y admiración. Pero si tengo que elegir, elijo a Bach. Lo que es lo mismo que decir que elijo retratos. Admiro a muchos grandes fotógrafos que son capaces de presentarnos retratos de personas de un modo en el que parece que el fotógrafo es invisible, no está allí para desvirtuar ese momento; recogen y transmiten la esencia de su carácter, el instante de su vida tal cual, sin aditamentos ni falsos adornos. Mi respeto para esa compleja y hermosa modalidad fotográfica.

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¿Qué te parece el uso de los programas de retoque fotográfico? Sirven para lo que sirven, pero no me gusta utilizarlos. En el mundo digital es verdad que la tentación de dar unos retoques finales con algún editor de imágenes a veces se hace irresistible; a lo sumo, algún recorte, jugar un poco con la luminosidad… pero poco más. Admito que hay fotomontajes que son muy creativos, y de hecho están expuestos en importantes museos y galerías. No es mi estilo. Tampoco me gusta el abuso que se hace de la fotografía HDR, porque mal utilizada se convierte en una modalidad barroca y básicamente fea.
¿Cuál es tu cámara favorita? Hubo un tiempo en que estaba más pendiente de disponer de un gran despliegue técnico que de hacer fotos. Creo que eso distrae del hecho mismo de realizar fotografía. Creía que disponer de un buen equipo era sinónimo de hacer buenas fotos, y en absoluto es así. Conozco a fotógrafos que han realizado toda su carrera fotográfica con una única cámara y una lente de 50mm, y captan de forma espectacular lo que pretenden. Tampoco entro en la rivalidad canon vs. nikon, porque me parece un debate estéril. Cada uno elige el equipo y las herramientas que más se adaptan al tipo de fotografía que desea hacer. Pero si se trata de elegir, la joya de la corona es sin duda una Hasselblad que compré hace un tiempo a un fotógrafo al que admiro mucho como profesional y aún más como persona, Carlos Moisés García. Para mí es un honor tremendo poder trabajar con una herramienta que de la mano de ese fotógrafo ha hecho algunos de los trabajos paisajísticos más hermosos que yo he visto.

¿Sientes preferencia por una temática? 
Como ya comentaba antes, mi evolución en la fotografía ha ido dando una serie de tumbos hasta encontrar que donde más cómodo me encuentro es en la realización de retratos, sobre todo. Quizá no al estilo clásico, y como mandan los mandamientos, pero en definitiva reflejar a la gente en su quehacer cotidiano, en su mundo particular, cargado de emociones, sueños, fantasías… Es todo un lujo poder hacer eso, honestamente.
¿En qué consiste tu iniciativa de EnhebradosA ver, para entender de dónde surge este proyecto hay que remontarse un poco más atrás. Hace algún tiempo tomé conciencia de algunas cosas en relación con mi trabajo fotográfico: una, que me siento más creativo trabajando con otros artistas; el hecho de compartir experiencias me enriquece enormemente. Y dos, hay como una segregación entre el mundo visual y el literario. Así que un día, medio en serio, medio en broma, le propuse a mi amigo poeta Antonio Aguilar qué podíamos hacer juntos a partir de un proyecto que yo llevaba entre manos sobre la geografía emocional del cuerpo, en particular el lenguaje gestual de las manos. De ahí surgió un libro titulado ‘Dame tus manos’ con fotografías mías sobre manos, junto a poesías suyas que fueron surgiendo a partir de lo que mis imágenes le iban evocando. Financiamos la edición del libro a través de micromecenazgo via Verkami, y resultó una experiencia increíblemente hermosa y rica, en la que participó una enorme cantidad de gente. Aquello superó la mejor de cualquiera de nuestras expectativas. Aún estamos en fase de promoción del libro, que se acompañan de exposiciones, etc. Puede consultarse en mi blog.

Bien, pues algo parecido ocurrió con Enhebrados. Un día un amigo al que le apasiona la escritura, Paco Borrego, y yo nos planteamos qué pasaría si yo le pasaba unas fotos y él montaba microrrelatos a partir de ellas. Nos pareció divertida la idea y nos pusimos manos a la obra. Alguien se enteró, le gustó la iniciativa y decidió participar. Eso nos dio pie a abrir la puerta a todo aquel/aquella que quisiera aportar algo, y nos hizo replantearnos el concepto inicial. De modo que a menos de un mes del inicio de ese proyecto, ya hay casi una docena de fotógrafos y artistas plásticos interesados en presentar su obra, y un par de docenas de escritores dispuestos a montar microhistorias a partir de ellas.El proceso está resultando increíble, y resulta impresionante ver qué historias van surgiendo a partir de una foto tuya que has visto una y cien veces. Nos enriquece mutuamente a todos. Se trata de un proyecto mestizo, colectivo, que tiene como sustrato ideológico la idea del trueque, de modo que cada uno comparte lo que quiere y cuando quiere. No hay límites (salvo el que se trate de microrrelatos para los textos), no hay compromisos de permanencia, no hay reglas, no hay plazos… Desconocemos la continuidad que tendrá este proyecto, si es que tendrá alguna, ni cómo evolucionará… pero sinceramente, tampoco nos importa demasiado. Ahora disfrutamos de esta hermosa experiencia colectiva que está sacando lo mejor de cada uno de nosotros para compartirlo con los demás, simplemente porque sí. Puedes consultar el blog en http://enhebrados.blogspot.com.es Por cierto, que si alguno/a de los lectores se anima a participar ¡estaremos encantados de contar con su colaboración!

Si quisieras y pudieras trabajar en el circo, ¿de qué lo harías? ¡Pues de fotógrafo! Sería el fotógrafo del circo, y me dedicaría a capturar las expresiones de la gente mientras observan al malabarista, o cuando un acróbata hace una pieza difícil, o a los niños cuando el payaso se aproxima hacia ellos… a los artistas en el camerino mientras se preparan, o a ese micromundo cuando se desplaza de ciudad en ciudad… Me encantaría poder hacer un reportaje sobre todo eso. ¡Me acabas de dar una idea!

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