La penúltima batalla

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Aires de cambio y lucha que no afectan solo a los héroes de la pantalla, sino a aquellos que los crean. Hollywood se plantea romper su penúltimo tabú: sacar a los superhéroes del armario.

“Batman & Robin” by Terry Richardson

Si hay un estreno que llega acompañado de la polémica en el campo de la ciencia ficción es el de El juego de Ender. Basada en la obra homónima de Orson Scott Card la historia está centrada en una sociedad futura al borde de la extinción donde las estrategias de guerra parecen un juego de niños. Su trama no tiene ninguna relación con la orientación sexual de sus personajes y sin embargo la LGLBT le ha declarado el boicot antes de que llegue a las pantallas. La razón: la oposición del escritor a los matrimonios del mismo sexo. Una oposición de la que Orson Scott Card se ha vanagloriado incluso llamando a los estadounidenses a la unidad para “destruir al enemigo mortal”.

Estas declaraciones las hizo en 2008. Ahora que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decidido apoyar la igualdad de los matrimonios gais, el tono de su discurso se ha suavizado al llegar incluso a aceptar la derrota de su ideología. “Es una batalla que ha perdido y nosotros hemos ganado. La humanidad ha salido victoriosa”, declaró Harrison Ford, miembro del reparto del filme, queriendo dar así por terminada la polémica. Sus palabras fueron conciliadoras, pero no han zanjado la controversia.

Mientras los superhéroes tradicionales sigan dando dinero habrá nuevas versiones para las nuevas generaciones donde se reencarnarán como gays y lesbianas y hasta seguro que habrá cambios de sexo. Los superhéroes ya se han reencarnado incontables veces, alternando notablemente sus orígenes, datos cruciales y características que se daban por sentados. Los lectores de Marvel están familiarizados con las series “What if… ?” donde se exploran regularmente líneas argumentales alternativas con sus personajes.

Tristemente es previsible que no se exploren tantas superheroínas de tendencia lesbiana -las bisexuales siguen estando al servicio de las fantasías heterosexuales-, porque la mayor parte de los cómics de superhéroes están dirigidos a los gustos de un varón adolescente y adultescente donde las características femeninas están supersexualizadas para heterosexuales. Sería cuestión de que hubiera más creadoras lesbianas de superheroínas.

Y esta es la penúltima batalla, cabe preguntarse ¿cuál sería la última batalla?

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