¡Adiós a la Generación Bollycao!

Para los que fuimos niños en los ochenta y adolescentes en los noventa (sí, ya lo sé, alargamos mucho nuestra adolescencia entre el grunge y los videojuegos) se nos están muriendo los mitos, durmiendo los sueños y cayendo los referentes. Si no se lo creen escuchen la última noticia: “Panrico solicita el preconcurso de acreedores”. O sea, el fabricante de Donuts y Bollycao podría cerrar el chiringuito.

hqdefaultComo niños podíamos tolerar tal cantidad de grasas saturadas y azúcares porque las quemábamos al momento. Aún jugábamos a churro (mediamanga mangotero), al escondite, a la comba, al fútbol con cuatro piedras en la calle o en los parques cuando no estaban acolchados y los columpios tenían oxidados hasta los filos. Nosotros, los niños de entonces, comíamos a diario Donuts y Bollycaos. ¿Y las pegatinas? ¿¡Qué me dicen de las pegatinas!? ¿Y los tatuajes que nos pegábamos con agua? ¿Y las colecciones que nos hacíamos? ¿Quién recuerda comprar el Bollycao a 25 pesetas? Para nosotros, los de entonces, “estar como un Bollycao” o “tener cuerpo Bollycao” eran los mayores los piropos.

panrico_-_donuts_foto1Hoy en día miramos los Bollycaos y los Donuts en el súper de reojo, esperando a que nadie nos observe  y nos debatimos entre el deseo y la realidad: que no somos capaces de quemarlos, que si nos metemos eso en el cuerpo no sabemos cuándo nos lo vamos a sacar. Vale que cambiaran la receta y luego estuvieran más dulces y el pan supiera distinto… pero los mitos son los mitos.

El problema no es tanto no engordar sino lo segundo: que los Bollycaos y los Donuts son parte de nuestra identidad, de nuestro mito, de lo que somos nosotros. El Bollycao y los Donuts están en nuestra imaginación junto a Espinete, Míriam Díaz Aroca, Parchís, los Peta Zetas, Fernando Martín y las gomas de borrar MILAN. ¡Y con eso no se juega! ¡Que los rescate la UE, la Presidencia, el FMI, el Rey, los chinos! ¡Que nos rescaten los recuerdos!

Y ya que los publicistas buscan expresiones con tanto ahínco para catalogarnos aquí se lo voy a poner fácil: nosotros no somos un producto americano, no somos la Generación X, ni Y, ni la Generación Perdida, ni la Ni-Ni, ni la No-No, ni mucho menos esa aberración de la Generación Oreo, nosotros somos la “Generación Bollycao” o la “Generación Donuts”. Sin embargo, me quedo con la primera expresión -que tiene más sonoridad- y además, individualistas que somos nosotros, a mí me gustaba mucho más el Bollycao, la merienda que alimenta y más me gusta merendar… la merienda ideal.

¡Ya saben! ¡Hagan acopio y cómanse los recuerdos!

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