La persecución de Antoni Miró

el

Antoni Miró es un hombre tímido, pálido, que habla dulcemente, con una cadencia musical. Incluso cuando se enfada o cuando muestra desacuerdo no alza la voz sino que más bien acompaña ese comentario con un tono irónico con una profunda resignación. Es un hombre civilizado, al que le gusta exponer sus razones y que resulta de una coherencia incuestionable.

Su obra artística es variada y hermosa, con un uso del color (¡sus azules!) que siempre es cautivador. Hay denuncia , pero también hay búsqueda de la realidad, y Miró puede pintar tanto un mendigo o el último plato de los condenados a muerte en EEUU, como el Partenón o la estatuaria griega. Sus dibujos eróticos son también de una expresividad formidable, con una lubricidad que, cuando los ves te preguntas cómo un hombre tan tímido, tan discreto, tan evanescente puede producir una imagen tan descarada.

El Mas del Sopalmo, en la falda de la hermosa cordillera de la Font Roja, el artista de Alcoy ha llevado adelante su creación: Miró es un trabajador nato, compulsivo, con una capacidad de producción ingente, sorprendente, inmensa. Poco a poco, con una larga paciencia, ha ido desarrollando su mundo artístico, su universo iconográfico: desde las famosas bicicletas hasta los homenajes a los amigos Miquel Martí i Pol y Ovidi Montllor, o las grandiosas esculturas de hierro. Justamente una de estas esculturas se situó en el año 2007 a ​​la redonda de la entrada de la ciudad de Gandía: representa la derrota de Almansa, en una escena monumental que se inspira en la rendición de Breda, pero llevada a la estatuaria. Sin embargo, Antoni Miró ha sufrido durante estos últimos meses una campaña de la alcaldía de Gandia, a manos del PP, para retirar esta escultura y llevarla a otro lugar mucho menos emblemático de la ciudad.

Anteriormente, el alcalde Arturo Torró ya había hecho retirar de Gandía unas esculturas de Artur Heras, un artista bien conocido por sus simpatías izquierdistas,  y muy respetado en el universo intelectual valenciano. Esta nueva persecución política de Antoni Miró es tan torpe como ridícula: mientras por un lado el gobierno valenciano apela al diálogo y a la unión de la sociedad civil, de la otra se persigue, se denigra y se aparta todos aquellos que no piensan igual. Además , la escultura pesa doscientas toneladas y es imposible trasladarla sin afectarla gravemente. Pero el alcalde se ha obsesionado en eliminarla del imaginario colectivo de la ciudad de Gandía, en arrinconarla, en restarle importancia .

Después de todo, como se ve con tantas otras cosas, lo que en el fondo se dirime es que Gandía deje de ser aquella ciudad libre e independiente, con carácter propio y profundamente valencianista, y se incorpore plenamente al ideario más rancio de la derecha valenciana de ofrecer nuevas glorias a España. En este sentido, la honestidad de Antoni Miró es un obstáculo para los planes de uno de los alcaldes más lamentables de nuestro país. Y así, aquella escultura está a punto de convertirse en todo un símbolo de la lucha de los valencianos contra la intolerancia y la estulticia de nuestros gobernantes. Si no lo es ya.

Martí Domínguez

Anuncios