Las mentiras del barquero (Pt. 2)

Algo que he aprendido de Telecinco (principalmente de Sálvame y de Hable con ellas) es que la mentira está en la base de la estabilidad social. Necesitamos mentir para vivir en paz.

Sin la mentira esto explota: imagínense al marido respondiendo esa capciosa pregunta de “¿Este vestido me hace gorda?” o al jefe potencial inquiriendo “¿Dónde te ves de aquí a diez años?”, o aquello de “¿De dónde vienes a estas horas?” o la siempre más que arriesgada “¿Me quieres?”. No son más que ejemplos sin importancia comparados con los que han hecho de la mentira su profesión: abogados, políticos, banqueros y psicólogos. Hace tiempo dedicamos este espacio de “Las mentiras del barquero” a la prostitución, ya va siendo hora de dedicárselo a los que viven de la mentira.

1017374_704337639614578_4586859438973348487_n¿Qué me dicen de las grandes mentiras? El amor al prójimo, el derecho a la enseñanza, el derecho a la sanidad, el derecho a la vivienda, la igualdad ante la justicia, la igualdad de oportunidades…

Somos muchos los que pensamos que la idea de que el político “miente más que habla” se aproxima bastante a la realidad. Sin embargo, no está solo en la mentira, además del abogado, el banquero y el psicólogo, según indica un estudio de la Universidad de California del Sur, cualquier hijo de vecino miente cada 8 minutos de media al día. Los embustes más habituales son de carácter social: “Me alegro mucho de verle”, “Estoy bien”, etc. Los hay que mienten por piedad, por engañar, por aprovecharse. Otros, mecánicamente, mienten como forma de vida al ser parte consustancial de su profesión.

DSC03288Decía el dramaturgo francés Francis de Croisset, que hay tantas clases de mentiras como de mariposas. Están los que mienten porque son muy educados, los que lo hacen para distraer a otras personas, los que retuercen el lenguaje para verse inocentes. También los hay que mienten por deber y honor, y llaman a sus mentiras piadosas. Los hay, incluso, que mienten por placer, los auténticos embusteros, que mienten con el verbo, con sus actos y con su silencio. Dicen que la mentira de los honestos es la exageración, la científica es la estadística y la universal es dar la espalda.

Hay miles de formas de ocultar la verdad, pero tanto las aquí nombradas como las que no, todas tienen un denominador común que es la cobardía -la del charlatán, la del caudillo, la del aprovechado. Todo el que miente sabe que lo está haciendo, nadie lo hace por error; quien oculta la verdad es porque le conviene la mentira. Y las mentiras, decía Gómez de Baquero, se defienden con más tenacidad que las verdades.

Pulso-Jose-Luis-Moreno-Yolanda-Ramos-Hable-TelecincoPregúntenles a ver si aciertan a distinguir la verdad de la mentira. ¿A quiénes? Muy fácil: a todos los Papas de la Santa Madre Iglesia, empezando por los que ordenaron la persecución y asesinato de los albigenses; siguiendo por la clase política, con eminencias como Mariano Rajoy, Luis Bárcenas, Enrique Peña Nieto, Juan Manuel Santos, Cristina Fernández; continuando con iluminados de la nueva era como Claudio Naranjo, Paulo Coelho, Alejandro Jodorowsky; sin olvidar a Baltasar Garzón, Christine Lagarde, Jim Yong Kim, José Luis Moreno y, como no podía ser de otra manera, Jorge Javier Vázquez y Yolanda Ramos.

Con tiempo y paciencia, eso sí, las mentiras tienen las patas muy cortas… recuérdenlo para la próxima vez que les pregunten “¿Qué tal?”

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