La nueva batalla de Concha Velasco

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A Concha Velasco no le gusta que la sonrisa se desdibuje de su cara. Sabe que le sienta bien. Es una mujer coqueta, ya desde que cantaba aquello de la “Chica ye-yé”, tanto que siempre lleva los labios pintados de rojo, incluso para andar por casa. Por ello, solo en contadas ocasiones se ha roto en público, aunque decenas de veces sus personajes la han obligado a hacerlo en el escenario. 

La semana pasada volvió a ocurrir. Supo que debía enfrentarse a un linfoma y se derrumbó, sufrió un ataque de pánico. Ahora, ya más reposada la noticia, se arrepiente de ese momento de descontrol en el que cayó, impropio de quien se sabe carne de espectáculo. Concha Velasco tiene ante sí otro obstáculo a superar y está convenci da de que lo va a conseguir, ella que se ha curtido en mil batallas: artista con un padre militar, madre soltera, roja en la España franquista, despechada y arruinada por un marido del que se acabó divorciando, pero al que todavía sigue recordando con cariño años después de su muerte.

El diario que escribe Concha se llena de letras, sobre todo cuando los problemas acechan. Así que estos días seguro que está más activo que nunca. Eso sí, hace tiempo que ordenó que sea destruido cuando ella falte. También tiene cerca ahora un ordenador. Ha llegado al mundo de Internet ante la insistencia de sus hijos. Y consultando su tableta ha visto la repercusión del anuncio de su enfermedad, realizado vía exclusiva remunerada en ¡Hola! La cómica ha querido hacer una aparición cuidada en las formas y en la estética —con un nuevo corte de pelo y nuevo tono—, antes de desmaquillarse los labios para entrar en el quirófano. Eso sí, previamente ha anotado en su diario que el próximo mes de septiembre volverá a los escenarios.

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