Valió la pena, la biografía de Jorge Dezcallar

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La trayectoria de Jorge Dezcallar es inusual: ha tenido cargos de importancia bajo los mandatos de González, Aznar, Zapatero y Rajoy pese a no pertenecer a ningún partido; colmó sus sueños de infancia de ser diplomático; dimitió en un país donde nadie lo hace. Su recién publicada biografía, Valió la pena, boga por esos temas y, muy específicamente, procura desmontar todas las medias verdades o puras elucubraciones sobre lo que ocurrió con el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004.

portada_valio-la-pena_jorge-dezcallar_201506242301Haber sido uno de los diplomáticos más brillantes de la democracia -11 años al frente de la dirección general de Africa del Norte y Oriente Medio; gestor político del ministerio o embajador en Marruecos-  no le sirvió de escudo protector para evitar pasillos con el PSOE y con el PP. La última vez, tras la victoria de Mariano Rajoy en noviembre de 2011. Cuatro años tuvo que adelantar su jubilación porque el ministro Margallo no encontró sitio para él en ningún lugar del mundo para el que entonces era embajador en Washington.

Jorge Dezcallar quiso ser diplomático desde muy pequeño, fascinado como estaba por las historias que le contaba su tío, el embajador Guillermo Nadal, y por las lecturas de Emilio Salgari. Sus sueños se colmaron con creces y la carrera diplomática de Jorge Dezcallar es casi una vuelta al mundo, con escenarios de actuación tan diversos como Nigeria, Florida, Polonia, Nueva York, Uruguay, África del Norte y el Frente Polisario o el establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel. Los apuntes y recuerdos de Jorge Dezcallar incluyen sus años como embajador en el Vaticano; en Líbano, tras el asesinato del anterior mandatario español Pedro de Arístegui, o su misión en Estados Unidos y la participación en la conferencia de Dayton de pacificación de los Balcanes.

Dezcallar, que no pertenece a ningún partido y ha tenido cargos de importancia bajo los mandatos de González, Aznar, Zapatero y Rajoy, fue además director del Centro Nacional de Inteligencia, justo durante el período en que se produjeron los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004. A él le cupo la responsabilidad de las primeras y decisivas investigaciones sobre aquellos brutales atentados, cuya gestión por parte del Gobierno recuerda en este libro, sin ahorrar críticas a quienes a su juicio ocultaron información y pretendieron ponerle al servicio de una estrategia no de Estado sino de partido.

Jorge Dezcallar presentó la dimisión al presidente en funciones, José María Aznar, el 18 de marzo de 2004, solo una semana después de los atentados del 11-M, en protesta por la desclasificación “parcial y selectiva” de informes del servicio secreto. El objetivo de esa desclasificación, según Dezcallar, era culpar al CNI de que el Gobierno mantuviera hasta el último momento y contra todas las evidencias la atribución a ETA de la autoría del mayor atentado de la historia de España.

“Fue la gota que colmó el vaso”, ha explicado Dezcallar en conversación con El País. La desclasificación de las dos notas (una de las 15.51 del 11 de marzo, que consideraba “casi seguro” que el atentado era obra de ETA; y otra del día 12, que valoraba un presunto comunicado reivindicativo de Al Qaeda) causó un “profundo malestar” en el centro, al que puso en una “situación límite”, ya que quebró la confianza de los servicios aliados y de los propios agentes. Y eso no por interés en conocer la verdad, “sino para salvar la imagen personal de un presidente”.

La chapuza en la identificación de las víctimas del accidente del Yak-42, en mayo de 2003, cuando 30 de los 62 cadáveres se enterraron con nombre falso, estuvo a punto de repetirse con los siete agentes del CNI asesinados en Irak seis meses después.

1443808182_433454_1443816593_noticia_normalAsí lo revela Dezcallar en su autobiografía: “Trillo me dijo que tenía órdenes del presidente de organizar el funeral al día siguiente. No me lo podía creer. Me negué en redondo y discutimos. Trillo insistía en que eran órdenes de Aznar, pero yo me planté y me alegro de haberlo hecho porque sigo convencido de que Aznar no sabía de esto una palabra. Le dije que le dijera al presidente que mientras los restos no estuvieran identificados no se podía celebrar el funeral. Asímismo estaba seguro de que el presidente entendería que yo no estaba dispuesto a entregar restos equivocados a los familiares y de que tampoco él desearía hacer algo así. Trillo seguía insistiendo y la situación se puso un poco violenta, mientras los médicos asistían atónitos a la escena. “Mire ministro -le dije- mientras los cadáveres no estén debidamente identificados aquí no hay funeral”.

El exministro de Defensa y actual embajador de España en Londres, Fedrico Trillo, que entró al cuerpo diplomático tras un dedazo de los memorables, ha remitido una carta a El País en la que acusa de mentir a Jorge Dezcallar sobre el 11-M o la identificación de los cadáveres de los siete agentes del servicio secreto asesinados en Irak. “En lo relativo a los agentes asesinados en Irak, lo narrado por el Sr. Dezcallar es falso de principio a fin”, sostiene Trillo, ya que “en ningún caso se planteó ningún problema [de identificación de los cadáveres] semejante al del Yak-42, puesto que los cuerpos de los agentes asesinados en Irak eran claramente identificables”.

Lee el primer capítulo

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